Empiezo con este artículo porque es algo que me rechina de 2 alumnos y he querido indagar un poco. Es que empiezan la clase y están bostezando. Es que están haciendo un ejercicio y están bostezando en la fase positiva o en la nevativa o en las dos! A veces cuando bostezan me miran para ver si les veo. Es como… Pero… Cómo!
Puede que estén cansados. De hecho yo era lo único en lo que pensaba, pero también parece que la cosa no queda ahí: no es sueño, es refigeración cerebral.
Durante los últimos años, la ciencia ha ido dejando atrás la idea de que bostezamos solo por cansancio. Una de las teorías con más peso es la del enfriamiento cerebral: al entrenar, la temperatura corporal —y la del cerebro— sube. Bostezar es un mecanismo casi automático: al abrir tanto la boca e inhalar de golpe, entra un chorro de aire fresco que ayuda a regular esa temperatura interna.
Por eso es tan común verlo justo en el calentamiento o en los primeros minutos de actividad intensa, cuando el cuerpo empieza a «encender motores» más rápido de lo que consigue enfriarse.
Lo que dice la investigación
El psicólogo evolutivo Andrew Gallup (SUNY Polytechnic) es una de las voces más citadas en este campo, y ha documentado que atletas de élite bostezan justo antes de sus competiciones más importantes. Su explicación: los nervios y la activación previa a un esfuerzo disparan el sistema nervioso simpático, lo que eleva la temperatura corporal —y con ella, la cerebral—.
Esto no se queda en observación. Hay estudios que manipulan directamente la temperatura (con compresas frías o calientes en la frente) y comprueban que la frecuencia de bostezos cambia en consecuencia. Un experimento de 2019 (Ramirez y colaboradores) fue más allá: alteraron la temperatura cerebral de forma controlada en humanos y vieron que los bostezos seguían el patrón esperado. Y en un estudio con ratas, usando cámara termográfica, se registró que la temperatura facial baja de forma medible justo después de bostezar, aportando una prueba física directa del efecto «aire acondicionado».
¿CÓMO FUNCIONA EL BOSTEZO PARA REFRIGERAR?
- El estiramiento de la mandíbula. Al abrir tanto la boca, se estiran al máximo los músculos de la mandíbula. Ese estiramiento aumenta el flujo sanguíneo hacia esa zona, es decir, hacia el cráneo.
- La inhalación profunda. Al coger aire de golpe, ese aire frío del exterior entra en contacto con los vasos sanguíneos de la cavidad nasal y los senos paranasales —zonas muy próximas al cerebro—. Ese aire enfría la sangre que pasa por ahí, y esa sangre ya fría sube directamente hacia el cerebro a través de las arterias, bajando su temperatura por intercambio de calor a contracorriente.
En resumen: estiras (más riego sanguíneo) + inhalas frío (enfría ese riego) = tu cráneo actúa como un radiador de coche, usando aire para bajar la temperatura del «motor».

El dato que sorprende
Los atletas bostezan más antes de una competición que durante el esfuerzo en sí. Ahí entra otra hipótesis, la de la activación: el bostezo también aparece en momentos de transición, cuando el sistema nervioso se está preparando para cambiar de estado (de reposo a alerta, o al revés). No es solo un tema térmico, es casi un «gesto de arranque» del sistema.
¿Y si bostezamos en mitad de una serie?
Puede ser simplemente que el cerebro está autorregulándose mientras se sube la intensidad. Eso sí: si es algo que pasa constantemente y va acompañado de mareo o fatiga fuera de lo normal, ahí ya conviene mirar sueño, hidratación y descanso general.
A mí como no me ha pasado nunca. Vamos es que cuando entreno si yo tuviera un bostezo me retiro. Dejo el entreno para otra ocasión porque en mi caso sí significacaría que estoy agotado. Nunca he tenido bostezos para refrigerar mi cerebro entrenando 🙂
Pero bueno. Ya no les podré decir nada. Estarán refrigerando.




