Memento Mori

Recordemos que moriremos, para vivir más.

Desde pequeños nos han escondido un poco la muerte. «Se ha ido al cielo». «Está descansando». Es como si hubiésemos crecido con un «suavizado acercamiento» hacia el hecho de que un día no despertaremos más. Que la muerte es real. Y que nos alcanza a todos.

Me gustaría poder creer que hay algo más, después. Me gustaría sentir que este paso terrenal es una serie de etapas de aprendizaje, y que esto no acaba aquí. Que nuestra consciencia pasará a otro plano, o que nos reencarnaremos o que nuestra esencia formará parte del Universo. Pero es que no lo siento así. Digo que me gustaría porque creo que, con ese sentimiento, se puede vivir con menos miedo al saber que todo está en manos de un ser divino, y que toda esa esencia que forma parte de nosotros no se esfumará con un último suspiro. Sin ese temor a que nos pase algo. O que tengamos una enfermedad grave, o un accidente. O, simplemente, que el corazón, por vejez, haya llegado a su último latido.

Creo que esta forma personal de sentirlo nos obliga a mirar mucho más hacia adentro y a trabajar (y a trabajarnos) para que este paso por aquí, este regalo que tenemos, nos haga sentir bien durante el trayecto y, sobre todo, cuando miremos hacia atrás en ese último apagón, nos sintamos que lo hemos hecho lo mejor que hemos podido. Y para eso tenemos que haber vivido. Tenemos que haber expresado, corregido, perdonado, ilusionado o amado, por citar algunas vivencias. Puede que tengamos tiempo para ese último autobalance. Nosotros seremos nuestro propio juez o nuestra propia jueza.

¿De dónde viene la frase?

Parece ser que, primeramente, desde la antigua Roma. Se consolidó a partir de la frase «Respice post te. Hominem te esse memento».

Esta frase la repetía continuamente un esclavo cuando un general tenía un recibimiento multitudinario después de una gran victoria para el imperio romano. Y no valía cualquier victoria. Para ser considerado algo más que una ovación (ovatio) tenía que ser algo grandioso. Algo que le siguiera sumando poder al imperio. Como matar al menos a 5000 enemigos, que la guerra estuviera totalmente terminada y hubieras sido el general a cargo de la empresa. Se llamaba Trimphus, y a veces duraba hasta 2 días.

Representación del pintor francés Carle Vernet el triunfo de Emilio Paulo sobre los macedonios en un óleo pintado hacia 1789. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.

Representación del pintor francés Carle Vernet el triunfo de Emilio Paulo sobre los macedonios en un óleo pintado hacia 1789. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.

En escena: el general victorioso con la cara pintada roja, una túnica llamativa y una corona de laurel, en un carro dorado, con parte del botín, y atrás esclavos exhibidos como trofeos, mientras la gente vitoreaba. Es normal que se sintieran tan grandiosos que esa especie de exhibición de poder militar y también de propaganda para alentar al pueblo (era una especie de mitin de un autentico lider), subiera demasiado el ego a los propios generales y, como contrapeso con un mecanismo psicológico, adoptaron la medida de que ese esclavo (ciertas fuentes citan que realmente era un funcionario -tiene más sentido-) acompañara al general en el carro para rebajarle un poquito el endiosamiento y que su ego inflado no hiciera de las suyas después: abusando de poder, saltándose normas, creyéndose por encima del propio Senado, etc… Por eso se le repetía constantemente: «Mira detrás de tí. Recuerda que solo eres un hombre.»

Esa situación de poder fue estudiada por el neurólogo y político David Owen. Estuvo analizando a personas de mucho poder (líderes modernos) y a ese estado lo llamó «Síndrome de Hybris». Hybris fue puesto por los griegos, quienes atribuyeron esta denominación al hecho de descontectar de la realidad por un exceso de orgullo. Algo que puede ser como una droga. De hecho se ve en personas que tienen poder, y cada vez quieren más porque se entra en una adicción. Como «todo lo bueno», engancha.

Esa frase «Respice post te. Hominem te esse memento» fue modificada, parece ser, por los monjes medievales, a través del cristianismo. Esto pasó como 400 años después de que esa idea, tan estoica, incluso reflejada en el manuscrito / diario «Meditaciones» de Marco Aurelio con otras frases similares se fuera fijando como lo que hoy conocemos por «Memento Mori». Es decir, que aunque está muy asociada a Marco Aurelio, quien por cierto, nunca quiso, parece ser, celebrar ese reconocomiento Trhimphus pese a tener el derecho, él nunca la pronunció exáctamente así. En ese diario personal, y sin intención de ser publicado, si escribió reflexiones haciendo referencia a la muerte, que será para todos. Como cuando hizo referencia a Alejandro Magno, y que todos acabaron (o acabaremos) en el mismo lugar.

Esta frase, tal cuál, quién la utilizaba era la iglesia medieval. Y no a modo «ponte las pilas y vive» de hoy, sino como recordatorio de que te viene el juicio final. Que la muerte llegará y a ver si vas para el cielo o para el infierno, en un tono amenazante. Ahí si daba miedo la frase. Sobre todo porque estaba acompañada con ilustraciones o esculturas que reflejaban la muerte pero de una forma más aterradora. Con calaveras, en modo más osucuro, con cementerios, etc…

Transi de René de Chalon. La escultura fue creada por Ligier Richier. La mano elevada originalmente sostenía el corazón seco y real de René. Se cree que desapareció en torno a la Revolución Francesa, y fue reemplazado por una piedra lisa. Se encuentra en la iglesia Saint-Étienne, en Bar-le-Duc, noreste de Francia.

Pero, ya pasados unos pocos años (igual 1500), se ha popularizando y quizás envolviendo en este modo más positivo su significado. En los años 90 el filósofo Pierre Hadot escribió sobre el manuscrito / diario «Meditaciones» de Marco Aurelio. Aunque no caló demasiado. Ya en 2010 Ryan Holiday y personas de renombre del mundo del desarrollo personal relanzaron el estoicismo gracias a las redes sociales, a los vídeos, a los libros, y a los tatuajes de moda. Hoy en día es una frase muy utilizada, incluso usada en denominaciones o gráficos comerciales.

Y claro. Es que realmente la frase tiene como 3 interpretaciones, la romana, la eclesiástica medieval y la actual:

  1. Que te bajes los humos que vas a morir igual y no te creas de más aunque seas el emperador de los emperadores.
  2. Que seas fiel a la iglesia o te las vas a tener que ver con el de arriba y, ojo, que como lo hayas hecho mal lo vas a pasar peor en la vida que te viene.
  3. Y que aproveches este regalo llamado vida, porque llegará el día en el que no podrás disfrutar recibir un abrazo de tu gente, de ver un amanecer o de decir un te quiero.

A día de hoy, como en lo establecido a nivel general, yo me quedo con la tercera. Con esa parte de ser conscientes de que esto tiene un final. Y no nos gusta. Y es una mierda. Y nos parte en dos cuando alguien a quien amamos se va, también. Pero es que es algo innegociable con la naturaleza. Por eso creo que esos locos extremistas del «vive el día de hoy como si fuera el último», pues, es que algo de razón tienen. Más de la que deberíamos de tener presente.

Vive.

El busto que tengo en la mano, en un amanecer en La Patacona (Valencia) refleja esa idea de hoy a través de ese busto, media parte del estoico emperador romano Marco Aurelio y la otra media de una calavera dorada.

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